Octubre 9, 2008...11:22 am

“Matar moscas a cañonazos… hasta que se acabe la pólvora”, por Jaime R. Parrondo, socio-director de JJ ComunicAcción

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“La semana pasada probé por primera vez el AVE de Renfe para viajar de Madrid a la Ciudad Condal, a cubrir la convención de franquiciados de un nuevo cliente, PartyFiesta, que ha sabido hacer de dos jornadas profesionales una completa reunión de trabajo concienzudo y pormenorizado, una ocasión perfecta para conocer novedades y presentar a la red proveedores de interés y un estupendo momento de encuentro humano entre franquiciados que comparten negocio, que de otro modo no tendrían demasiadas ocasiones de verse a lo largo del año.

Pero no es esto de lo que quería hablarles en esta ocasión. Lo cierto es que el mencionado viaje me ha reafirmado en dos posturas o creencias que ya sospechaba. Una de ellas es que me sigue encantando volar –vamos, que prefería el venerable “puente aéreo” de Iberia–, a pesar de que ese glamour que tenía antaño subirse a un avión las autoridades occidentales lo han convertido simple y llanamente en transporte de mercancías y ganado. Y que conste que no lo digo sólo por el olor que se escapa de los calcetines de algunos cuando, bajo los arcos de seguridad de la zona de embarque, ha de demostrar uno que no trata de subir a la aeronave para poner en peligro el orden mundial establecido. La otra, y lo siento porque sé que es ir contra corriente, es que los asientos del Talgo me parecían más amplios y cómodos que los de los trenes estos con “cara de pato” y prisas de liebre. Nostálgico que es uno.”

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